domingo, abril 26, 2015

Liliana Ponce: La urraca...




Deja los puños cerrados, la mano tensa

y quedan dentro los confites.

En el armario se arrinconan

los pedacitos de cosas ya frías, olvidadas,

y al dormir, sabe que también ellas están durmiendo

boca arriba, sin la esperanza de otra vida

fuera de las puertas.


Mi tesoro es guardar tesoros

que sólo yo entiendo –piensa.

Y esas hojas y cajas beben en el volcán

la ceniza del tiempo:

–pinzas, estatuillas, etiquetas,

para que el rey cocodrilo

llore o escupa.


Soy la urraca –dice–.

Busco cuidar lo que huye,

ese temblor, esa imagen,

lo fugaz y lo invisible

*Liliana Ponce, poeta argentina (1950).


viernes, abril 24, 2015

Enrique Molina: Alta Marea



Cuando un hombre y una mujer que se han amado se separan
se yergue como una cobra de oro el canto ardiente del orgullo
la errónea maravilla de sus noches de amor
las constelaciones pasionales
los arrebatos de su indómito viaje sus risas a través de las piedras
                 sus plegarias y cóleras
sus dramas de secretas injurias enterradas
sus maquinaciones perversas las cacerías y disputas
el oscuro relámpago humano que aprisionó un instante el furor
                de sus cuerpos con el lazo fulmíneo de las antípodas
los lechos a la deriva en el oleaje de gasa de los sueños
la mirada de pulpo de la memoria
los estremecimientos de una vieja leyenda cubierta de pronto
                con la palidez de la tristeza y todos los gestos del abandono
dos o tres libros y una camisa en una maleta
llueve y el tren desliza un espejo frenético por los rieles de
                la tormenta
el hotel da al mar
tanto sitio ilusorio tanto lugar de no llegar nunca
tanto trajín de gentes circulando con objetos inútiles o
enfundadas en ropas polvorientas
pasan cementerios de pájaros
cabezas actitudes montañas alcoholes y contrabandos informes
cada noche cuando te desvestías
la sombra de tu cuerpo desnudo crecía sobre los muros hasta el techo
los enormes roperos crujían en las habitaciones inundadas
puertas desconocidas rostros vírgenes
los desastres imprecisos los deslumbramientos de la aventura
siempre a punto de partir
siempre esperando el desenlace
la cabeza sobre el tajo
el corazón hechizado por la amenaza tantálica del mundo

Y ese reguero de sangre
un continente sumergido en cuya boca aún hierve la espuma de los
               días indefensos bajo el soplo del sol
el nudo de los cuerpos constelados por un fulgor de lentejuelas
               insaciables
esos labios besados en otro país en otra raza en otro planeta en otro
               cielo en otro infierno
regresaba en un barco
una ciudad se aproximaba a la borda con su peso de sal como un
               enorme galápago
todavía las alucinaciones del puente y el sufrimiento del trabajo
               marítimo con el desplomado trono de las olas y el árbol
               de la hélice que pasaba justamente bajo mi cucheta
éste es el mundo desmedido el mundo sin reemplazo el mundo
               desesperado como una fiesta en su huracán de estrellas
pero no hay piedad para mí
ni el sol ni el mar ni la loca pocilga de los puertos
ni la sabiduría de la noche a la que oigo cantar por la boca de las
               aguas y de los campos con las violencias de este planeta
               que nos pertenece y se nos escapa
entonces tú estabas al final
esperando en el muelle mientras el viento me devolvía a tus brazos
               como un pájaro
en la proa lanzaron el cordel con la bola de plomo en la punta y el
               cabo de Manila fue recogido
todo termina
los viajes y el amor
nada termina
ni viajes ni amor ni olvido ni avidez
todo despierta nuevamente con la tensión mortal de la bestia que
               acecha en el sol de su instinto
todo vuelve a su crimen como un alma encadenada a su dicha y
               a sus muertos
todo fulgura como un guijarro de Dios sobre la playa
unos labios lavados por el diluvio y queda atrás
el halo de la lámpara el dormitorio arrasado por la vehemencia
               del verano y el remolino de las hojas sobre las sábanas vacías
y una vez más una zarpa de fuego se apoya en el corazón de su presa
en este Nuevo Mundo confuso abierto en todas direcciones
donde la furia y la pasión se mezclan al polen del Paraíso
y otra vez la tierra despliega sus alas y arde de sed intacta y sin raíces

cuando un hombre y una mujer que se han amado se separan.

jueves, abril 23, 2015

Antonio Moro: Poema XXIV

Padre,
vos que venís del aire,
memoria del tiempo y canto del benteveo,
mientras doy vueltas bajo el olivo
que podaste una tarde,

te pido
que cuando busque una mirada
no me miren como a un expósito
porque si bien he ayunado muchas veces
lo hice por el placer de la resistencia,

que cuando tienda mis brazos
no me abracen más que a los comunes
porque en mis alforjas
guardo tan solo papeles,

y cuando quiera hablar
no me escuchen repetir algún credo
que esta boca no simule su ignorancia.

* Poema extractado del libro Otra sombra en el árbol (Ed. eL Bc), premio literario Provincia de Córdoba 2012.
** Antonio Moro (Córdoba 1955).




domingo, abril 19, 2015

Jotaele Andrade*; He roto un plato

He roto un plato
de más de treinta años
acota mi madre

pienso cuántas veces
habrá raspado
una cuchara
su fondo

si todo aquel alimento
insuficiente en la infancia
bastará para llenarlo
ahora
que es una forma perdida

que habrá cenado
en él
el hermano
muerto
alguna novia
los primos
definitivos
en la niebla

he roto un plato
de más de treinta años
de existencia entre nosotros

se deslizó como suceden estas cosas
el vidrio resbaló sobre el vidrio
de otro plato
como una memoria colmada de sí
y salió despedido por el aire

anunciando la pequeña tragedia
y el estruendo
conque toda historia familiar

comienza a derrumbarse

*Jotaele Andrade, La Plata, 1974