domingo, mayo 24, 2015

Marta Cwielong: Poemas

*

Los perros son otros
pero aparecen / cada tanto,
fragmento de alguna historia.
Extraño, no creí pertenecer a alguna. Los días fueron
sucediendo/
como las nubes.
Todavía no entiendo qué hice con las horas.
Hasta cuándo hay inocencia?


No puedo recordar mi infancia.
Quién era mi padre?

borracho por las noches,
refugiado,
el nazi,
un polaco,
un
alemán
el que salvó a la niña del campo minado
quien amaba a mi madre
quien amaba a madre de mi hermana
quien castigaba a mi hermano
el ateo
el nazi
el que hace que no tenga memoria?

auguri
                                                a Romualdo Rossi.

il mio cuore rimanera sempre per te
me dice desde roma,
y me regala un corazón
de ámbar
para que cuelgue de mi cuello
ámbar
fósil
que atrapado se convirtió
en belleza




*
                             a aldo novelli

me han dejado sola,
y en esa soledad hice mi guarida
junto piedritas azules
olvido casi todo
pero traigo de regreso
al animal herido
no saben lo que han hecho

*

quién debía cuidar
a la niña que yo era?
que alguien responda
que alguien
diga perdón

del libro : 'Pleno de ánimas'



*(Longchamps, Prov. Buenos Aires Aires ,1952). Publicó: Razones para Huir . (1991); De Nadie (1997);  Jadeo Animal, (2003); Morada. (Antología publicada en la serie 'la Diligencia' Asoc. Bertold Brecht, Mislata , España. 2007. Editora del sello Libros de Alejandría) y el libro Pleno de ánimas. Está traducida al catalán y parcialmente al italiano. 

sábado, mayo 23, 2015

Liliana Ponce: Selección de poemas




De Trama continua (1976), Buenos Aires: Corregidor.


 1.



Este gris que se abre, que comienza en el arrobamiento,

escribe el acto de perder en el lugar presente,

como la marca de una sed a la que yo mismo había abandonado.


Pero la llama de dios es tan habitual a la araña, que desaparece.

La llama es dios y se sacia en el propio pensamiento.


No rechazaría esta baba, el único punto, estrangulado entre los restos,

recordando que no sería él el desierto, el menos vacío,

en el extremo,

un amo demente.

La Edad de Oro que expira lanza frío por encima del ojo y recorre con él.

En ningún sentido yo.

–El fuego vuelve al movimiento donde el universal es interior al ser.


Este gris espectral que se abre y llama tardíamente a una liberación,

arranca su verdadera atadura,

no absorbe la parte ciega –por estrechas vías revela la entrega imaginaria,

el poder de la muerte que durmiendo rara vez nos une.


Está en el curso de su cuerpo incluso en ruinas,

ahora tegumentos húmedos, oleosos –al mismo tiempo que el objeto se deshace

puesto en tela de juicio.



2.



Brillo de lo blanco que encandila

(nada ha caído).

Debilitamiento que demuestra que el blanco no engendra.

Otro posibilita todo.


Naturaleza –

(escribo bajo el susurro de una voz que no te ha conocido

huyendo del frío,

riesgo del amanecer, y aún desde la aguda negación).


Discontinuo, nunca llamado.

Lugar que ha ocupado el lugar ocupante.

Decía: azul encendido

nada sagrado como ella atravesando la palabra con su cuerpo.





De Composición (1984), Buenos Aires: Último Reino.




I.



¿Quién es la que así me abraza?

En un anillo fulgurante adormecía su paso de langosta,

las piedras aplastaban alas de hierro en el centro de la crisálida.


Cuando abría su vigilia

la que así me abrazaba sobre el cuerpo de sus mares,

al ascender para nosotros la seda última de la marea,

el árbol-junco desgarraba sus estrías.


La que me abrazaba expulsaba el sueño y arrastraba su corola hacia la grieta.

Una mordaza –el diente en el río del cuello,

la negación del deseo que emerge sin fin sobre la red.


A través de las noches el áspero silencio del roce del erizo,

agujas en el cuerpo único.


. IV



Señora de la noche

vuelve tu rostro, túnica negra en la ráfaga

–como un vidrio tus ojos atraviesan la luz

ahora quieta en la inmovilidad de los huesos.

Mi espera te ata en el temblor abierto en cada viaje,

mis perdidos viajes que no son.


Y en el umbral, señora, recuérdame:

las sombras se borran al separar las cabezas

y las voces retumban,

se entregan al sueño hueco.


(Frag. del Poema 8)





De Teoría de la voz y el sueño (2001), Buenos Aires: tsé-tsé.




Ritos cotidianos



 Ritos cotidianos, sobre una manta adversa, sin mancha ni alas.


Se esparcen los objetos, van como piedras vivientes,

oscuro el salón, el pozo lleno.


No había hastío –iba más allá

como un luto hecho para los relámpagos diurnos:

casa, mano, helecho.

¿Quién al fin del día?

Reglas como brazaletes,

agujas azules en la puerta.


Voy a buscar mi nombre, ahora oculto entre la fuente y el arco

–pero el arco de yeso es un pórtico para islas, saltos con andamios.


Guardiana de día, por las noches, sombra:

es mi deseo la peregrinación del árbol.

En su corteza mi historia se cubre de moho, de estiércol

–lo que fui no me obedece.


Sobre la quietud


Línea en suspenso, áurea de bruma,

espesor, oculta diafaneidad, intensidad.

Pero, ¿de qué instancia es la fuerza? ¿de qué medida?

Reminiscencia de los telones de hule de la infancia:

por fin sin miedo, sin espera.


No a la pasión (tan sólo como beso soñado).

Ausentar el cuerpo, suspenderlo –el goce del no-sentir:

he ahí la luminosidad del lenguaje que no puede pensarse.

Herida de las palabras, carbón, agujero–

las metáforas que machacan o tajean el hilillo de las voces

–cadenas.

La metáfora que reincide como maldición.


Y ahora el lenguaje como trama de muerte y de posibles,

su inasibilidad, la caducidad de lo dicho,

lo inhallable de lo escrito:

boca y voz no pueden encontrarse.



De Fudekara

(Diario de un curso de caligrafía china)




Día 1




En un rincón me senté a la luz de la lámpara. Ya era tarde y todos habían comenzado a trabajar.

Estaba el papel, estaba la tinta. Escaso silencio –pensé, mientras oía el murmullo.

Sensei me dio unas notas, y empecé a leer.




Día 2


Los signos multiplican los instantes. El signo y la repetición forman una corriente de confianza, de liberación. En esa corriente debo aprender a ahogar la ansiedad. Imagino un nuevo lugar en la mente que nace de este punto material, duro, pétreo. Es un punto inorgánico e indefinido, como lo que inicia la posibilidad. El comienzo de la posibilidad no es aún el comienzo.

Esta noche, el ojo reemplazará al oído. El ojo reemplazará a la respiración.




Día 3



El viaje de regreso ya tiene su mapa. Supervivencia en aguas de azúcar, ritmo de algas.

La tierra en la hondonada quebrándose –conocía por la cabeza, en la mente, insectos revoloteaban y recorrían la ciudad de tu mapa.

Labraba en la montaña materia de mar.


Un nuevo trópico dividiría los días –pensé. Los días al azar comenzaban otra vez, como cardúmenes de arcilla, en la costa.

Conocía por la cabeza, y deambulaba por la ciudad de tu mapa.


 *Liliana Ponce. (Buenos Aires, 1950). Egresada de la carrera de Letras de la UBA. Se dedicó a la poesía, los estudios lingüísticos y a investigar sobre el pensamiento y las religiones de Oriente, en especial los referidos a Japón. Estudia la escritura de la lengua japonesa, la que ha comenzado a traducir.
Publicó Trama continua (1er. Premio Fondo Nacional de las Artes, 1976), Composición (1984 ) y Teoría de la voz y el sueño (Ed. Tsé-Tsé, 2001), Fudekara y poesías y ensayos en diversas revistas literarias argentinas y extranjeras: Tuvo a su cargo la edición de un libro sobre teatro japonés, en el que también colaboró en su redacción, El teatro noh de Japón. Ha realizado traducciones directas de poetas clásicos japoneses publicadas en diversas revistas literarias así como ensayos sobre budismo y shintoísmo en la literatura de Japón. En calidad de miembro de ALADAA (Asoc. Latinoamericana de Estudios de Asia y Africa), de CETAA (Centro de Estudios Transdiciplinarios de Asia y Africa), de FIEB (Fundación Instituto de Estudios Budistas) y ex miembro de la Sección de Estudios de Asia y Africa de la UBA, ha participado en jornadas y congresos nacionales e internacionales y sus respectivas publicaciones.

Participó también en numerosos ciclos de lecturas poéticas, entre los que se cuentan los de La voz del Erizo (Centro Cultural Ricardo Rojas), Jornadas de Poesía del Centro Cultural San Martín, La Casa de la Poesía (Centro Cultural Babilonia) y el ICI (Instituto de Cooperación Iberoamericano), en Argentina, y en encuentros en Chile, Costa Rica, México, etc. Integra antologías de poesía como Antología de poetas argentinos (Casa de las Américas, Cuba, 1994) Poetas argentinas: 1940-1950 (Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2006) y Voix d’Argentine

jueves, mayo 21, 2015

Hilos Editora: Dolores Etchecopar: Palabras de apertura acerca del libro Zambeze, de Graciela G. Paz


Reproducimos a continuación las palabras de apertura de la poeta y directora de Hilos Editora, Dolores Etchecopar, en la presentación del libro..


"Con Zambeze de Graciela González Paz abrimos nuestro año editorial y nos da mucha alegría que así sea ya que este libro nos encantó literalmente cuando lo leímos.

Como una bandada de pájaros que se levanta de sus páginas hay encantamiento en el fraseo de estos poemas , hipnótica y dolorosa belleza que trae un pasado al presente de la poesía y vuelve cercana  una tierra lejana (África) en el sonido entrañable de sus ríos flores animales secretos luminosos que pulsan la cuerda de una voz.  Entre un abuelo que huyó de la esclavitud y una nieta que saca de su cautiverio al lenguaje, se escribe este libro que así  nos alcanza con la delicadeza de una brisa y la potencia de la insurrección."

Los libros de Hilos Editora se cosiguen principalmente en las siguientes librerías: Arcadia Libros (M.T.de Alvear 1548), Norte (Las Heras y Azcuénaga), Crack-up (Costa Rica entre Borges y Gurruchaga), Libros del Pasaje (Thames entre Costa Rica y El Salvador), entre otras librerías. Waldhuter Libros es nuestra distribuidora: para quienes están lejos de la Capital pueden encargarlos allí. Fíjense que la distribuidora está en facebook

María Laura Decésare: Acerca de Zambeze, libro de Graciela González Paz

Graciela González Paz y María Laura Decésare
Reproducimos a continuación, el texto de presentación de la poeta María Laura Decésare, acerca del libro Zambeze de la poeta Graciela González Paz, editado por Hilos Editora. 
                

“Como una iguana/ África/ sopló en mi corazón durante años…”, con este poema inicial comienza Zambeze, libro que está divido en dos partes. En esta obra, Graciela González Paz, ha decidido abrir una puerta y al abrirla nos trae a sus antepasados y manifiesta un largo deseo adormecido de ofrecer un homenaje a su abuelo, “negro y esclavo”, a su abuela “blanca y de ojos verdes” y a su madre “la hija mestiza”. Antes de finalizar el poema nos revela: “Ahora/ maravillosa y casi anciana/ descubro el Caftán que usó mi abuelo”, en versos donde se despeja la memoria para dejar por escrito cada recuerdo y hacer justicia.
         Zambeze es el nombre que da título a este libro y hace referencia a un largo río de África austral, que nace en Zambia. Graciela González Paz nos sumerge en “un río más rico que el cacao”, nos manda a recorrer estas tierras lejanas para poder ver, a través de sus versos, el cielo africano, aunque “La cosa es otra cosa, dijo el viejo:/ Ir al cielo por tierra/ sin perder el alma”.
         La primera parte de Zambeze comienza con una cita de Karl Shapiro que dice así: Nosotros matamos sin piedad y matamos el pensamiento. Hospedamos al loro y dejamos ir al centauro. La elección que hace la autora para dar comienzo a esta primera parte no es casual, es una señal para que nos adentremos en cada uno de los poemas, que son veintitrés, y dónde de entrada nos presenta al abuelo, al “Viejo”, negro y esclavo, un sabio que nos susurra en cada verso una palabra como enseñanza, hasta afirmar que: “quien teme a una gacela, teme a todo,/ temerle a todo es cosa de ricos”. También nos presenta a la abuela, mujer de ojos verdes que le dio hijos “y una dulzura ardiente como la sal”, escribe en los versos del poema 19 y luego con un remate propio de la autora se cierra así: “quizá por causa de estas cosas el viejo dijo: -si ella piensa, yo veo”.
         Esta primera parte del libro está dominada por expresiones que nos llegan en la voz del abuelo y nos provocan una sacudida, cito un verso: “la risa que se ríe/ es cólera guardada,/ solo el baile exorciza”.
         La segunda parte del libro se abre con un acápite del escritor negro norteamericano, Leroy Jones, y dice: Mirando el futuro del alma/ había ángeles negros retorciéndose en su cabeza/ transportando la sangre de nuestros antepasados. Tampoco esta vez la elección que hace González Paz es casual, ya que suma otra lengua en la que subyace el pasado africano, por eso decide incluir esta voz y no otra, la de un activista de los derechos de los afroamericanos en Estados Unidos. En los diecisiete poemas de esta segunda parte, la voz del abuelo desaparece y con un lenguaje íntimo y melancólico, la autora rememora el escenario anterior y se libera. En los próximos versos hay una alianza nueva. Cito un poema del libro:
“Contemplando visiones ocultas
vi tu corazón sobre la hierba
no obstante
mi única tentación
fue la conciencia”.
         La escritura de este libro despierta en Graciela González Paz un claro deseo de decir lo que estaba dormido. Describe de una manera sencilla y directa, “ese decir anterior que nadie escucha” que estremece y duele en lo profundo del ser. Un silencio que se vuelve palabra justa y necesaria.
        Cada uno de los poemas que se suceden en el final del libro también nos revelan pequeños detalles: “el misterio de las aguas”, “voces habladas a lo lejos”, “ser libres o libremente violadas”. Con fijeza se suceden los versos donde el río Zambeze maldice su memoria y dice aquello que nadie escucha, “salvo el negro”, “el humano silencio de la selva”.  Pero habiendo sido escrito este libro, la voz que nos habla y nosotros sus lectores comprendemos algo más. Comprendemos estas palabras nacidas en libertad.
-------
 Algunos  poemas


5
En luna llena
el río Níger hechiza a los perros
y toda la noche
cae
agua de rocío hirviendo
Dedicadas al brujo
las mujeres más sabias de la Tribu
juntan el agua en papelitos
y hacen perlas


7
Nada era blanco en Kenia
eso decía mi abuelo
salvo el Paraíso y
el algodón plumoso
que el amo guarda y cuenta
cuenta las bolsas    no a los negros

13
Un día el viejo dijo:
         Quien teme a una gacela, teme a todo,
          temerle a todos es cosa de ricos
Eso dijo


19
Mi abuela tenía ojos verdes
con un resumen dorado al final
una mujer de aspecto fabuloso
que dio a mi abuelo hijos
y
una dulzura ardiente como la sal
Quizá por causa de estas cosas
el viejo dijo:
--Si ella piensa, yo veo


20
La palabra creada en la respuesta
     no tiene alcance
     mero y justo
     el castigo también es alabanza
La cosa es otra cosa, dijo el viejo:
                        Ir al cielo por tierra
                        sin perder el alma 



----------
Fotos

20 de mayo de 2015
Casa de la lectura.
La calle: Sector fumadores
María Laura Decésare, la autora y Consejo Editorial de Hilos Editora



 *

* Gracias a Alberto Parise e Ingrid Proietto por las fotos.

Los libros de Hilos Editora se cosiguen principalmente en las siguientes librerías: Arcadia Libros (M.T.de Alvear 1548), Norte (Las Heras y Azcuénaga), Crack-up (Costa Rica entre Borges y Gurruchaga), Libros del Pasaje (Thames entre Costa Rica y El Salvador), entre otras librerías. Waldhuter Libros es el distribuidor: para quienes están lejos pueden encargarlos allí. Fíjense que la distribuidora está en facebook

miércoles, mayo 20, 2015

Horacio Castillo: Estado de tibieza




Debilitamiento progresivo de la voluntad,
degradación del fervor, horror al movimiento.
Y languidez, distracción, entorpecimiento
que no es aún inacción, pero que lleva a la inacción.
Ni frío ni caliente. Ojalá fuera frío o caliente,
pero soy tibio y escandalizo al mundo.
Ni frío ni caliente, ni vida ni muerte,
estado de tibieza, lujuria del alma.

*Véase La casa del ahorcado, Poesía Colihue. (obra poética 1974-1999).

viernes, mayo 15, 2015

Luis Colombo: Los amigos


    
    Cruzaba el Parque Lezama, se me hacía tarde para ir a trabajar, entonces apretaba el paso cuando un tipo, vestido con traje a cuadros y zapatones, igual a un clown, se me acercó y, en un idioma rarísimo, me mangueó. Como yo no entendía, apeló a las señas.
Con una mano en los labios hizo el gesto de pedirme un cigarrillo. “No fumo”, le contesté. La cara del tipo era de desolación, sus ojos celestes parecían taladrarme.
Volvió a la carga cuando advirtió que me iba, me tomó del brazo, gruñó, gesticuló, y por último repitió la seña. Yo también como en el oficio mudo le respondí que no entendía.
Pero de pronto se acercaron otros tres que prácticamente me rodearon. “Chau –pensé-, acá me afanan.”
La baranda que despedían era insoportable, para salir corriendo. Uno se adelantó balbuceando:
--Yo  –y señaló a los otros tres--, Ucrania;  barco caput, no dinero, no nada
–y agitaba los brazos.

--¡Y qué querés que haga!, yo no gobierno –contesté.
Cuchichearon los cuatro, el que más chapurreaba el castellano dijo:
--Vos cigarrillo…
--No fumo –le dije, casi enojado.
--Entonces vos un peso – respondió con mímica.
--Yo no Naciones Unidas, yo no Acnud…
--¡Naciona Unidas, Acnud, mierda! –gritaron todos juntos.
--Ah --contesté ya furioso -, ¿no quieren tampoco a las Naciones Unidas? Entonces, ¿qué carajo quieren?
--Querer un peso –dijo uno de ellos.
--No tengo –contesté-. No tengo cigarrillo, no tengo un peso. Yo trabajar…, no millonario… --hablaba contagiado por el chapurreo de los gringos.
 Me miraban con esos ojos celestes rodeados de mugre, y el contraste se hacía más intenso por la suciedad y la ropa destrozada.
--Yo camarada acá dos años –dijo uno--, argentinos todos mirar su propio culo, barco caput, Rusia caput. Nosotros todos a la calle, sin plata, sin nada, solo hambre. ¿Argentina? –agregó, y me hizo un corte de manga--. ¿Ucrania? –otro corte de manga--¿Naciones Unidas? –otro más…
Le iba a responder de la misma manera, pero metí la mano en el bolsillo y le di una moneda de cincuenta. Ahí todo cambió, no era lo que pedían pero era algo.
--Gracias camarada  -me dijo, cuchicheó con los otros un rato. Uno se separó del grupo y desapareció. La imagen de abandono se notaba menos, solo alcancé a balbucear
--Bueno camarada, yo trabajar, irme.
--No, camarada. Un momento ya vuelve otro…
--No, trabajo primero, importante –dije.
--Un momento solo… -respondió.
El que había desaparecido regresó, y no venía solo. Traía una bolsa y lo acompañaba una mujer. Hablaron en su idioma entre ellos. El que ya era la voz cantante del grupo se me acercó y dijo:
--Acá, Natalia, cocinera de barco, sola y sin nada, nosotros regalamos ella. No vivir más en calle tirada; ella mujer, necesita baño, limpieza, así que para vos –abrió la bolsa, sacó un tetrabrik, dijo:
--Prosit tovarich –y se empinó el vino.

Natacha, tan mugrienta como ellos, me miró con tristeza y vergüenza. Enfrente vi un teléfono público y me dirigí  hacia él. Ese día no fui a trabajar.

*El cuento que se transcribe pertenece a un libro en preparación.